¡Socorro! ¡Pánico a los exámenes!
A la mayoría de los mortales, tener un examen no nos genera precisamente entusiasmo. Pero si te provoca insomnio, mareos, temblores o náuseas, ¡cuidado! Tienes estrés.
¿Te has parado a pensar la razón por la que los exámenes no nos gustan? No es sólo porque tenemos que estudiar y prefiramos salir con los amigos, ¡que también! Lo que nos hace sentir realmente mal son nuestros propios pensamientos negativos, mezclados con nuestros deseos y miedos. Ideas del tipo: “ya verás como suspendo” o desear a toda costa una buena nota (“¡tengo que sacar más de un 8!”) nos impiden ver los exámenes con tranquilidad. Ponernos en lo peor e imaginar terribles consecuencias de un mal examen tampoco ayuda. Pensamientos como “no voy a conseguirlo”, “defraudaré a mis padres” o “voy a repetir”, no son ningún estímulo para afrontar los exámenes con buen ánimo.
Quítate el miedo de encima
Por este motivo, lo primero que nos ayudará a no estresarnos es pensar que un examen es sólo un examen. Su objetivo es medir nuestro conocimiento de una determinada materia. ¡No mide nuestra valía como persona, ni nuestra inteligencia, ni siquiera condiciona nuestro futuro profesional! Piensa que ese examen y el posible resultado que tanto te preocupa serán sólo una anécdota en tu vida. Es así y tienes que creértelo. Si le das una importancia exagerada y dramatizas, puedes terminar cayendo en las redes del estrés, incluso de la depresión. Y un examen nunca debería ser tan estresante que nos impida disfrutar del estudio y de los momentos reservados para disfrutar con los amigos.
Una vez que realmente desmitifiques la importancia de los exámenes y de sus resultados, será más fácil afrontarlos de forma positiva.
Fórmulas para no estresarte
Si te dan miedo los exámenes, nada mejor que prepararte a fondo. Generalmente la ansiedad en estos casos se produce ante una asignatura que no dominas y el miedo a conseguir un mal resultado. Si llevas al día tus estudios y los trabajos de clase, será más complicado estresarte.
Aún así, los nervios ante los exámenes también son frecuentes en los estudiantes muy trabajadores y brillantes. ¿Cómo es posible? Pensamientos negativos del tipo “y si me quedo con la mente en blanco” o “ya verás como después de todo me preguntan algo que no sé”, son los peores enemigos para afrontar con tranquilidad un examen. Tienes que desterrar de tu mente esas ideas dañinas.
A continuación, te mostramos las técnicas que mejor funcionan para superar el estrés provocado por los exámenes, según el momento en que se presente.
- Antes del examen. ¿Sientes pánico solamente con que tu profesor fije la fecha de un examen? Tranquilízate pensando que tienes tiempo para preparártelo bien. Siéntate esa misma tarde en casa para planificar en tu agenda el tiempo que vas a dedicar a estudiar esa asignatura, reservando también tiempo para desconectar y pasártelo bien. No hay nada mejor que planificarse y seguir un buen método de estudio para tener la situación controlada. Asiste a clase, toma tus propios apuntes, haz esquemas, aprovecha las horas de tutoría para aclarar cualquier duda, y por supuesto ¡estudia!
Si en algún momento sientes que no puedes estudiar porque el miedo se apodera de ti, utiliza técnicas de relajación como tumbarte sobre la cama y dejar todos los músculos relajados durante unos minutos (puedes poner de fondo una música suave que te ayude a relajarte). Deja la mente en blanco, ayudándote de técnicas de respiración profunda (toma aire por la nariz hasta sentir que tus pulmones y tu abdomen se llenan de aire. Lentamente, expulsa el aire por la boca y vuelve a inspirar y expirar durante al menos cinco minutos para alcanzar un estado de relajación).
- Durante el examen. Es muy útil utilizar la técnica de la respiración profunda. Puedes recurrir a ella en cualquier momento y bien practicada tiene efectos casi inmediatos e increíbles. Puedes pasar de un ataque de nervios a un estado de paz en sólo unos minutos. Concéntrate solamente en tu respiración (inspira y expira, varias veces y muy lentamente), hasta que sientas que vuelves a controlar tu cuerpo. Entonces, piensa “es sólo un examen, no tiene importancia el resultado”. Concéntrate en el momento presente y trata de responder lo mejor que sepas a cada pregunta, sin pensar en la nota que vas a sacar. Ya relajado, lee detenidamente el examen de principio a fin para asegurarte de que entiendes todo lo que se te pregunta. Es importante releer la pregunta antes de ponerte a escribir. Los nervios son malos consejeros y, aún sabiendo la pregunta, pueden confundirte.
Una vez que has entendido bien lo que te preguntan en el examen, antes de lanzarte a escribir, dedica unos minutos a repartir tu tiempo entre las diferentes cuestiones, empezando por las más fáciles y las que mejor te sepas. Empezar por lo que mejor dominas te hará ganar en seguridad y confianza.
Si te sientes confuso ante una pregunta y no sabes muy bien qué te están preguntando, tómate un respiro y pasa a otra pregunta. Cuando vuelvas de nuevo a esa pregunta, tus dudas pueden haberse aclarado por sí solas. Si sigues dubitativo, pregunta al profesor. Seguro que te dará una pista de por dónde debes ir. Por último, reserva unos minutos para revisar el examen antes de entregarlo. Es el momento de repasar tanto el contenido como las posibles faltas que hayas podido cometer (¡ojo a los acentos!).
- Después del examen. No le des mil vueltas a tus respuestas y los posibles fallos que has podido cometer. ¡Lo hecho, hecho está! ¡Acéptalo! De nada sirve lamentarse. Quejarse sólo nos hace perder el tiempo y nos deprime. Así que no te preocupes. Una vez que tengas los resultados siempre es bueno aprovechar la oportunidad que dan la mayoría de los profesores para revisar el examen. Es una ocasión excelente de descubrir en qué flojeas y qué valora más tu profesor a la hora de puntuar. Ya verás que si prestas atención a sus consejos conseguirás mejores resultados en el futuro. Pero ¡sin agobios! Tu objetivo no debería ser conseguir las mejores notas de la clase, sino sacar lo mejor de ti. No compitas con los demás y trata de superarte a ti mismo.
Prepárate para todo
A lo largo de tu trayectoria como estudiante vas a tener que hacer frente a muchos tipos de evaluaciones, positivas y negativas. Y nunca, nunca jamás, deberías dar una importancia tan desmesurada a los exámenes que lo pases mal y te sientas angustiado. Por eso, prepárate tanto para los buenos resultados como para los malos.
- Si sacas buena nota: ¡Felicidades! Un buen resultado puede indicar que te has preparado a fondo y que tu método de estudio funciona. Sigue trabajando en esa línea y no te confíes.
- Si suspendes: No es el fin del mundo. Trata de hacer un análisis realista de qué te ha llevado a suspender para evitar cometer los mismos errores en el futuro. Quizás lo has dejado todo para última hora o te has confiado demasiado. Acude a la revisión para que tu profesor te explique en qué has fallado y pídele consejo sobre cómo prepararte para el próximo examen. Un suspenso es una oportunidad excelente para aprender y tratar de superarte. Confía en tu capacidad de mejorar cada día.
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