Guión audio regalo
Antes de elegir qué y dónde estudiar, escucha esto
Audio exclusivo de la revista Y Ahora Qué
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Muy buenas, soy Kini López, y si has llegado a este audio regalo de la revista Y Ahora Qué, es porque estás en ese momento de decidir qué y dónde estudiar y tienes dudas.
Tal vez te preguntes: ¿Cómo elijo carrera sin miedo a equivocarme? ¿Cómo sé qué universidad es la mejor para mí y no solo la que me pilla más cerca o tiene más nombre? ¿Y si no me da la nota?
Si tienes dudas, es lo más normal del mundo. Estás tomando una decisión con mucho impacto en tu futuro, pero no te agobies: hoy te voy a dar las respuestas prácticas.
Y, al final de este audio, te comparto una idea muy potente.
Te contaré cuál es la habilidad principal que separa a los estudiantes que consiguen lo que quieren de los que se quedan bloqueados por el camino. Y no, no tiene nada que ver con organizarse muy bien o estudiar todos los días.
Elegir estudios no es decidir toda tu vida
Elegir estudios, universidad o ciudad suena como si tuvieras que decidir toda tu vida ahora mismo. Y no, no estás decidiendo toda tu vida.
Es una decisión importante, eso está claro. Por eso, no dejes que la presión te domine y elija por ti. Y tampoco te conformes pensando: "Bueno... me meto en esta carrera porque me da la nota, y luego ya veré".
¿Para qué quieres ir a la universidad?
Antes de preguntarte qué carrera elegir, hay una pregunta mucho más importante: ¿Para qué quieres ir a la universidad?
¿Solo para conseguir un título? ¿Para formarte bien? ¿Para tener más oportunidades? ¿Para encontrar un trabajo bien pagado?
La universidad no debería ser simplemente “lo que toca”. Puede ser una herramienta brutal para crecer, aprender y madurar… pero no funciona por arte de magia.
Depende de ti. Funciona si aprovechas las oportunidades que te ofrece para desarrollar nuevas habilidades y crear tus primeros contactos con el mundo laboral.
Y aquí viene una realidad que tienes que tener muy presente: nadie te va a pagar por tener un título.
Un título te ayuda a optar a mejores entrevistas de trabajo y es necesario para ciertas profesiones. Pero no te van a pagar solo porque tengas un grado, dos o un máster del universo.
Te van a pagar por aportar valor. Por resolver problemas. Por trabajar bien. Por ser fiable. Por saber comunicar o vender. Por buscar soluciones donde otros solo ven marrones.
Por eso, también ahora es buen momento de preguntarte: ¿Qué talentos tienes, o puedes desarrollar, para resolver un problema real por el que la gente esté dispuesta a pagar?
Porque tu futuro no depende tanto de lo que estudias. La clave está en lo que haces con lo que estudias. Si gracias a tus conocimientos y habilidades eres capaz de resolver problemas, jamás te faltará trabajo.
Y ahora sí, te voy a responder: las tres dudas que más nos plantean.
No sé qué estudiar
Si ahora mismo no tienes ni idea de qué estudiar, empieza haciéndote esta pregunta: ¿Qué me atrae, aunque todavía no lo tenga clarísimo?
Puede ser la salud, la comunicación, el marketing, la tecnología, la empresa, la educación, el arte o la ciencia. Lo que debes tener claro es que no es necesario tener una vocación o un propósito de vida 100% claro. Eso ocurre muy pocas veces.
Pero sí necesitas saber qué temas te despiertan curiosidad. Y aquí va un consejo clave: no te quedes solo con lo que te suena, ni mires únicamente las universidades de tu zona. Ve un paso más allá y curiosea. Mira con lupa los planes de estudio de las carreras que te atraen y llama a las universidades para preguntarles cualquier duda que te ronde por la cabeza. Al hacer esto no encontrarás una respuesta mágica, pero te aseguro que sí encontrarás pistas muy claras de hacia dónde tirar.
La realidad es que a muchos trabajos puedes llegar desde carreras muy distintas. Lógicamente, si quieres ser médico, tienes que estudiar Medicina. Pero para la mayoría de profesiones puedes llegar desde carreras muy diferentes.
Te lo digo por experiencia. Yo estudié Periodismo y he visto a economistas, abogados, científicos... e incluso a gente sin carrera, hacer un periodismo maravilloso. ¿Por qué? Simplemente porque dominan su tema y saben comunicarlo.
Porque lo que importa no es el nombre que ponga en el título o dónde lo has aprendido. Lo importante es lo que sabes, cómo trabajas, cómo comunicas, cómo te relacionas y cómo te vendes. No te obsesiones tanto por qué carrera estudias, como por elegir una formación que te prepare para el mundo laboral y sacarle todo el partido para ser mejor profesional.
El mundo real no está separado por asignaturas, ni carreras, tooooodo está conectado.. Y hay muchísimas cosas que vas a tener que aprender fuera de la universidad y a lo largo de toda la vida.
Algo que también recomiendo cuando se tienen muchas dudas es hacer una pequeña prueba antes de meterte en una carrera. Puede ser una formación corta, un curso gratuito, un voluntariado, un proyecto por tu cuenta… La claridad no llega dándole vueltas a la cabeza en bucle. La claridad llega cuando empiezas a hacer cosas.
Y si está con la cabeza totalmente hecha un lío, a veces lo que hace falta es parar un poco antes de elegir. Pero parar con intención: para viajar, aprender idiomas o trabajar… Eso no es perder el tiempo, es prepararte mejor.
Otra duda muy frecuente: estoy entre varias opciones.
Si dudas entre varias carreras o universidades, no elijas solo pensando: “Esta tiene más salidas” o “Esta tiene más prestigio”. Eso se queda muy corto.
No elijas una carrera solo porque el título suene importante. Piensa que vas a vivir ahí tu día a día durante varios años. Así que mira el plan de estudios y el perfil de los profesores. Pero míralo de verdad. Revisa las asignaturas, las prácticas, los idiomas y, sobre todo, el ambiente. Porque el entorno influye muchísimo. Un buen profesor te abre la mente. Un buen compañero te empuja a no rendirte. Rodearte de buenos profesionales te empuja a ser mejor. En cambio, un mal ambiente puede quitar la ilusión hasta el estudiante con más ganas.
Y si tu duda es entre dos carreras, recuerda algo importante: elegir una no significa renunciar a la otra para siempre. Tienes asignaturas optativas, dobles grados, seminarios, másteres futuros o incluso proyectos personales. La vida es muy larga. Elige una dirección que tenga sentido ahora, pon el foco ahí... y empieza a encontrar tu camino.
Otra gran duda: ¿Y si no me da la nota?
Aunque lo sepas, conviene explicarlo de nuevo para entender bien cómo funciona.
La nota de corte no es una cifra mágica que la universidad decide porque sí. Es simplemente la nota del último estudiante que entró en ese grado y en esa universidad el año anterior. Por eso cambia cada año. Depende de las plazas y de las notas de la gente que solicita plaza cada año. Así que no te sabotees antes de tiempo diciendo "no entro, se acabó". Ni tampoco te confíes…
En la preinscripción hay una regla de oro: ordena tus preferencias por interés, de mayor a menor, no por miedo.
Aunque lo veas muy difícil. Ahora te explico el por qué.
Cuando llega el momento de asignar plazas, el sistema informático de cada comunidad autónoma donde hayas solicitado entrar mirará si consigues plaza para tu primera opción; si no, pasa a la segunda, y así sucesivamente. Pero ojo con esto: si te admiten en una opción, las que hayas puesto por debajo se borran automáticamente. Si por miedo pones lo que más te gusta en tercer lugar, y te admiten en la segunda, aunque te llegara la nota, te quedas fuera.
¿Y por qué poner siempre tu primera opción aunque parezca muy complicado? Porque existen las listas de espera.
Mucha gente, como hice yo misma, pide plaza en varias comunidades o carreras. Por ejemplo, yo pedí plaza en Periodismo en la Complutense y en la Universidad de Sevilla. Me admitieron en las dos, pero lógicamente solo me matriculé en una. Al final, la plaza que dejé libre en Sevilla se le ofreció a otro estudiante que estaba en lista de espera. Y eso mismo sucede cada año con miles de estudiantes.
Lo que mucha gente no sabe es que puede haber llamamientos hasta en octubre, y ahí la nota baja mucho. Esos listados finales no siempre son públicos y conseguir plaza en una carrera que parecía imposible se puede convertir en realidad si te has mantenido en la lista de espera. Así que no des nada por perdido el primer día que se publiquen las listas de admitidos.
Y, por supuesto, ten un plan B preparado. Puedes incluir en tu preinscripción otras carreras de la misma rama de conocimiento con la idea de cambiarte al año siguiente, puedes mirar otras universidades que impartan los mismos estudios o te preparen en campos relacionados, mirar ciclos formativos de FP para acceder después a la universidad … Hay muchísimas alternativas. Lo importante es hacer un plan alternativo, entender cómo funciona el sistema educativo al detalle, para no renunciar a tu sueño ante el primer obstáculo.
Y aquí viene la idea que te prometí al principio. Una idea que, si te la aplicas, te puede cambiar tu futuro y esta es la importancia de tener una mentalidad de crecimiento.
Tener mentalidad de crecimiento significa ser consciente de que puedes mejorar tus habilidades. Que algo no se te dé bien ahora mismo no significa que vaya a ser así siempre. Que hoy no sepas algo no significa que no puedas aprenderlo. Y que fallar no significa que no valgas; significa que toca aprender algo nuevo y volver a intentarlo.
Frente a la mentalidad de crecimiento, está la mentalidad fija te dice que tu inteligencia o tus talentos son los que son. Y cuando fallas, te sueltas frases como: “No valgo”, “Soy un desastre” o “Esto no es para mí”.
Alguien con mentalidad de crecimiento, ante ese mismo error, se pregunta: “¿Qué puedo aprender de esto? ¿Qué puedo hacer mejor la próxima vez?” Y lo vuelve a intentar.
Todos vamos a fracasar. Y no una vez... ¡muchas veces!
La diferencia entre quienes avanzan y quienes se quedan bloqueados no es que unos sean más listos, tengan mejores contactos o partan con ventaja. A ver, todo eso ayuda, está claro. Pero lo que de verdad marca la diferencia, lo que de verdad va a hacer que avances en tu vida, es tu capacidad de superar los fracasos y persistir. Y no hablo de insistir a lo loco, sino de persistir con inteligencia.
Hay quien se cae... y lo usa como excusa para rendirse. Y hay quien se cae, se hace preguntas, corrige, mejora… y vuelve a intentarlo las veces que haga falta, pero ya con más experiencia.
Aprendiendo de los que más saben, pero sin compararse. Porque en el momento en que miras al de al lado para ver si lo hace mejor que tú o lo tiene más fácil, te bloqueas. La carrera es solo contigo.
Y cuando dejas de ver el fracaso como una sentencia y empiezas a verlo como parte del camino… algo cambia.
Cambias tú.
Y eso... lo cambia todo.
Para dar el siguiente paso sin miedo, tienes toda la información en la revista Y Ahora Qué y en yahoraque.es.
Ya sabes lo que toca: pasa a la acción.
¡Un abrazo y hasta la próxima!
