Recientemente fue noticia el rechazo por parte de Pasarela Cibeles de aquellas modelos que no pasasen la prueba de la báscula. Aquellas cuyo índice de masa corporal no superase cierto baremo que establece los límites entre lo que se considera saludable o no.
Una medida que fue primera página de muchos medios y un tema de debate en todo el mundo.... Y ya que todo el mundo más o menos ha opinado sobre este particular, me gustaría poner mi granito de arena.
Lo cierto es que no sé por dónde empezar. Al final, lo que quiero decir es que me parece un despropósito, demagógico por accidente, y una forma de ocultar una triste realidad, que es la de que los jóvenes de hoy no disponen de una base educativa con suficiente calado como para permitirles discernir entre lo que es bueno o malo, que les proporcione una base sólida para formar una identidad realmente propia por encima de la búsqueda de referentes exteriores.
En primer lugar, decir que la medida adoptada en la Pasarela Cibeles bien podría aplicarse a un sinfín de escenarios más donde se muestran sin pudor modelos y cuerpos a todas luces no saludables. Los culturistas que pasean por las televisiones sus cuerpos deformados, muchas veces a base de sustancias que ponen al cuerpo al límite de su resistencia y dietas drásticas que hacen peligrar el equilibrio hídrico del organismo. Las gimnastas, menudas hasta el extremo en nombre del Deporte. O incluso personas sumamente obesas como en la serie Perdidos, donde uno de los protagonistas supera claramente y sin necesidad de pasarlo por la báscula, el índice de masa corporal considerado como saludable. Esta vez no por debajo, sino por arriba.
Pero en esencia el particular veto a los cuerpos no saludables debería aplicarse tanto por encima como por debajo. Eso es, al menos, lo que el sentido común dictamina.
Por otro lado, cabría decir que las modelos de pasarela son ante todo profesionales. Si están delgadas, no es tanto por elección propia como por exigencias de su profesión. Una profesión exigente, desde luego. Pero una profesión al fin y al cabo.
En el mundo de la moda los diseñadores quieren que su ropa sea la protagonista del desfile, y para ello necesitan cuerpos que no interfieran con los tejidos. Que se muevan con soltura y agilidad, dando vida a los diseños pensados para su presentación ante las cámaras y los medios especializados. En este caso, las exigencias incluyen el apartado de la estética, y del mismo modo que se critica a Ronaldo por su gordura incipiente, incompatible con el deporte profesional, a una modelo se le pide que presente una cierta línea corporal. Las modelos no son representativas del género femenino. Son más altas que la media, y no por ello se tiene miedo de que las adolescentes se inyecten hormonas para el crecimiento. Salen en la televisión y en las revistas, sí. Pero también se muestran en todo su esplendor en los medios personajes con un índice de masa "humana" muy por debajo de la media y no por ello se impone un test de humanidad que establezca la frontera entre conductas ejemplares y conductas de dudosa honorabilidad y que supongan un mal ejemplo para los jóvenes. Sin ir más lejos y por poner un ejemplo cercano, en Gran Hermano parece que todos los problemas se pueden solucionar a grito pelado, o poniendo verde a los demás. O mostrando en toda su grandeza la ira o el llanto o cualquier otra emoción extrema. Y a nadie parece importarle que esta actitud pueda ser seguida por los jóvenes y adolescentes como una pauta de comportamiento válida para sus relaciones con los demás.
En cuanto a la anorexia, se trata de un desorden psíquico de primer orden. sumamente grave por lo que representa. La deformación de la imagen que se tiene de uno mismo con implicaciones en la alimentación. Se combinan varios factores que hacen que el problema sea complejo. Por un lado la deformación de la propia imagen que impide que la persona anoréxica sea consciente de su estado de delgadez. Por otro, la aparición en los medios de los eventos de moda y las modelos cada vez con más frecuencia, con las profesionales de la moda exhibiendo sus delgadeces. Tratar de establecer una relación causa/efecto entre el mundo de la moda y la anorexia me parece una medida oportunista, sin una base científica. Las modelos son profesionales, sometidas a una gran presión mediática en muchos casos. Con un nivel de exigencia en cuanto a su físico que tal vez pudiese ser objeto de debate interno dentro del sector, al igual que lo puede ser en otros campos, como el ya comentado del culturismo o el deporte de alta competición donde también se somete al cuerpo a un esfuerzo enorme en ocasiones. Pero de ahí a establecer una relación directa entre la delgadez de las modelos y un aumento de la anorexia, hay un trecho que no debería recorrerse sin antes realizar estudios científicos y antropológicos. Comenzando por cuantificar el número de modelos profesionales que entran dentro de la categoría de anoréxicas o anoréxicos. Además, no todas las modelos exhiben el mismo nivel de delgadez...
Quizás fuese más correcto estudiar la anorexia desde el punto de vista de los desórdenes alimenticios, partiendo de que en nuestra cultura occidental, la alimentación se ha convertido en un problema de primer orden. Nos pasamos media vida pagando para comer y otra media pagando para dejar de comer. Algo tan sencillo como ingerir alimentos ha pasado a complicarse de una manera absurda. Simplificando el razonamiento, hace cientos de miles de años comíamos lo que "nos dejaba" el entorno natural que nos rodeaba. Comer era un lujo al alcance sólo de los más fuertes y listos. Necesitábamos comer lo que se podía. Y cuando se podía, comer cuanto más mejor, porque no estaba claro cuándo se volvería a tener alimento al alcance. Hoy se hace cada vez más necesario saber comer. Tenemos toda la comida que se nos antoja... por lo que deberíamos aprender a comer sólo lo que necesitamos. Como nadie nos enseña cuánto necesitamos, aparecen los desórdenes alimenticios. De un modo instintivo, sigue apeteciéndonos comer cuando hay comida en frente y a poco que sintamos hambre. Es una herencia de nuestro reciente pasado bajo la dctadura de la "ley de la selva". La anorexia quizás sea el rechazo a esa aparente dependencia del alimento. La obesidad puede no ser más que seguir ese comportamiento instintivo sin ningún tipo de reparo. Pero bueno, este razonamiento no pretende más que ser un planteamiento alternativo a la identificación del problema de la anorexia con modelos flacas en las pasarelas. Modelos que están flacas por exigencias de su profesión pero sin que su psique ni su salud estén en peligro salvo las excepciones de rigor que inevitablemente apaecen en cualquier intento por generalizar un razonamiento.
No quiero entrar en si la delgadez de las modelos supone una exigencia profesional desmedida. Ni quiero restar importancia al tema de la anorexia. Tan sólo pretendo cuestionar esa relación causa / efecto entre el mundo de las pasarelas y el de la anorexia.
Y de paso invitar a todos a reflexionar sobre el problema de los desórdenes alimenticios, que puede que estén originados en una falta de conocimiento sobre cómo encaja nuestra biología dentro de la cultura occidental. Una biología diseñada para la escasez calórica y que ahora nada en la abundancia. Y de momento nadie nos enseña en ningún sitio cómo resolver este conflicto. Sería tan sencillo (o complicado) como enseñarnos cómo funciona nuestro cuerpo, que necesidades tiene y cómo satisfacerlas de la mejor manera posible. O incluso añadiendo a los tres sabores "naturales" (amargo, dulce, ácido si mal no recuerdo) el sabor "sano", de modo que algo nos guste o disguste dependiendo de si es o no sano y recomendable para nuestro organismo.
En fin, espero no haber sido demasiado caótico. Y dejar claro que esta reflexión está sujeta a críticas y revisiones de todo tipo. No creo estar en posesión de la respuesta definitiva a estos temas tan complejos, tan sólo es una opinión sobre un tema que por lo que parece no está ni mucho menos solucionado.
