Préstamos universitarios: Guía esencial para acertar en tu elección

Paula YAQ

Un préstamo para estudiar puede ayudarte a pagar una carrera o un máster, pero también puede acompañarte durante muchos años. Antes de firmar nada, conviene mirar todas las alternativas y entender muy bien cuánto vas a devolver, durante cuánto tiempo y qué pasa si las cosas no salen como esperabas.

En España, pedir un préstamo para estudiar sigue siendo menos habitual que en otros países. Tenemos universidades públicas, becas y distintas formas de reducir el coste de estudiar antes de recurrir a un banco.

Aun así, algunas familias se plantean pedir dinero para pagar una universidad privada, un máster, una estancia fuera de casa o unos estudios especialmente caros. Antes de hacerlo, merece la pena ver qué ha pasado en países donde endeudarse para estudiar es mucho más habitual.

La advertencia que llega de otros países

En Estados Unidos, millones de personas han financiado sus estudios con préstamos. En 2026, la deuda federal estudiantil superaba los 1,6 billones de dólares y más de nueve millones de prestatarios estaban en situación de impago.

Las consecuencias de dejar de pagar pueden ser importantes. En determinadas circunstancias, el Gobierno estadounidense puede utilizar mecanismos como retenciones sobre ingresos o devoluciones fiscales para recuperar la deuda, aunque estas medidas pueden cambiar según las decisiones del Gobierno y la normativa de cada momento.

El resultado es que muchas personas siguen pagando préstamos estudiantiles muchos años después de terminar sus estudios.

En Inglaterra, el sistema funciona de otra manera. Normalmente empiezas a devolver el préstamo cuando tus ingresos superan un determinado nivel y, dependiendo del plan, la deuda puede cancelarse después de varias décadas.

Eso no significa que estudiar salga barato. En el curso 2024-2025, el saldo medio de los estudiantes que entraron en fase de devolución rondaba las 53.000 libras.

Además, los intereses pueden hacer que la deuda siga aumentando incluso mientras estás pagando. Para algunos préstamos del llamado Plan 2, por ejemplo, un graduado con una deuda cercana a la media necesitaría cobrar bastante más de 60.000 libras al año para que sus pagos empezaran a reducir realmente el saldo. Las cifras cambian según el tipo de préstamo y el momento en que se pidió.

La idea importante no es copiar estos sistemas, sino entender algo sencillo: una deuda que contraes al empezar tus estudios puede seguir influyendo en tus decisiones muchos años después.

Por eso, antes de pedir dinero al banco, merece la pena agotar otras opciones.

Antes de pedir un préstamo, mira estas opciones

En muchos casos puedes reducir bastante la cantidad que necesitas financiar. Estas son algunas opciones que conviene revisar antes de firmar un préstamo.

1. Pide todas las becas a las que puedas optar

Mucha gente no solicita una beca porque piensa que no se la van a conceder. Eso es un error: si cumples los requisitos, merece la pena intentarlo.

La beca general del Ministerio puede incluir distintas ayudas: matrícula universitaria, una cantidad ligada a la renta familiar, una ayuda de residencia, una cantidad por excelencia académica y una parte variable.

También existen becas de comunidades autónomas, universidades, fundaciones y otras entidades. La ventaja es evidente: una beca no tienes que devolverla; un préstamo sí.

Puedes consultar más opciones en nuestra guía de becas para que estudiar cueste menos y revisar el proceso de la beca del Ministerio en nuestra guía de las becas MEC.

2. Calcula cuánto te va a costar de verdad

Antes de pensar cuánto dinero pedir, calcula cuánto necesitas realmente.

Suma matrícula, alojamiento, comida, transporte, libros, material y otros gastos. Puedes ayudarte con nuestro artículo sobre cuánto cuesta estudiar en la universidad.

Después busca dónde puedes reducir gastos:

  • Universidad pública o privada. El precio puede ser muy diferente. Si estudiar en una privada obliga a tu familia a endeudarse durante muchos años, merece la pena comparar bien las alternativas.
  • Estudiar cerca o lejos de casa. Vivir fuera puede acabar costando bastante más que la propia matrícula.
  • Residencia o piso compartido. Compara precios reales en la ciudad donde quieres estudiar antes de decidir.
  • Otras vías de formación. Un ciclo de FP de Grado Superior puede ser una alternativa más económica, permite incorporarse antes al mercado laboral y, en algunos casos, puede facilitar después el acceso a la universidad o el reconocimiento de algunos créditos.

3. Pregunta si puedes pagar la matrícula a plazos

Muchas universidades públicas permiten fraccionar el pago de la matrícula durante el curso y numerosas universidades privadas ofrecen sistemas similares.

Las condiciones dependen de cada centro, así que pregunta antes de pedir un préstamo solo porque creas que tienes que pagar toda la matrícula de golpe.

4. Pregunta por descuentos y ayudas propias

Si vas a estudiar en una universidad privada o en un máster, pregunta por becas y descuentos.

Puede haber ayudas por expediente académico, situación económica, hermanos estudiando en el centro, pronto pago, antiguos alumnos u otras circunstancias.

Algunas universidades tienen ayudas propias que no siempre aparecen de forma destacada en su web. Preguntar no cuesta nada.

5. Trabaja, pero sin cargarte los estudios

Un trabajo a tiempo parcial puede ayudarte a pagar una parte de tus gastos, pero hay que encontrar un equilibrio.

Cuantas más horas trabajas, menos tiempo y energía tienes para estudiar. No existe un número de horas perfecto para todo el mundo, pero si el trabajo empieza a perjudicar seriamente tus clases, tus notas o tu descanso, probablemente necesitas reducirlo.

Las prácticas remuneradas, los trabajos de verano o algunas becas de colaboración pueden ser especialmente interesantes porque además te permiten ganar experiencia.

Tienes más ideas en estudiar y trabajar es posible.

6. Si te presta dinero tu familia, hacedlo bien

Pedir dinero a padres, abuelos u otros familiares puede ser una alternativa al banco, especialmente si la familia puede permitírselo.

En muchos lugares del mundo existen desde hace siglos sistemas de financiación entre familiares y conocidos. En China, por ejemplo, existen formas tradicionales de ahorro colectivo conocidas como hui, y en varios países latinoamericanos existen sistemas parecidos conocidos como tandas.

En España también puede hacerse un préstamo entre particulares, pero conviene dejar todo claro desde el principio.

  • Ponedlo por escrito. Indicad cuánto dinero se presta, cómo se devolverá, en qué plazos y si existen o no intereses.
  • Informaros sobre cómo declararlo. Los préstamos entre particulares están sujetos a determinadas obligaciones formales. El procedimiento puede depender de la comunidad autónoma, así que conviene consultar la Hacienda autonómica correspondiente y, cuando proceda, presentar el modelo 600.
  • Dejad claro si el préstamo tiene intereses. Puede pactarse sin intereses, pero debe quedar reflejado correctamente en el contrato.
  • Podéis adaptar la devolución a los ingresos. Por ejemplo, acordar que los pagos empiecen cuando el estudiante encuentre trabajo o alcance unos ingresos determinados.
  • Podéis prever situaciones difíciles. Si la persona que debe devolver el dinero pierde el trabajo o tiene un problema grave, el contrato puede contemplar una pausa temporal.
  • También pueden participar varios familiares. Así la cantidad que aporta cada persona puede ser menor.

Y hay una regla importante para quien presta: no debería poner en riesgo su propia estabilidad económica, su vivienda o su jubilación para financiar los estudios de otra persona.

7. Si tus hijos todavía son pequeños, ahorrar con tiempo ayuda mucho

Para las familias con hijos pequeños, una de las mejores formas de reducir la necesidad de pedir préstamos en el futuro es empezar a ahorrar con años de antelación.

No hace falta ahorrar una fortuna cada mes. Una cantidad pequeña mantenida durante muchos años puede acabar cubriendo una parte importante de la matrícula o de los gastos de estudiar fuera.

Los abuelos, padrinos u otros familiares también pueden aportar a ese ahorro en lugar de hacer otros regalos.

Tienes algunas ideas en 5 claves para ahorrar dinero siendo estudiante.

Si aun así necesitas un préstamo bancario

Puede ocurrir que, incluso después de buscar becas, reducir gastos y estudiar otras opciones, siga faltando dinero.

Si decides pedir un préstamo, intenta hacerlo con estas ideas claras:

  • Pide solo lo que realmente necesitas. Cuanto menos dinero pidas prestado, menos intereses tendrás que pagar.
  • Compara la deuda con el sueldo que podrías tener después. Una deuda cercana o superior al salario bruto que esperas ganar durante tu primer año de trabajo debería hacerte revisar los números con especial cuidado. No es una regla matemática, pero sí una señal de que la deuda puede ser difícil de manejar.
  • Mira cuánto devolverás en total, no solo la cuota mensual. Una cuota pequeña puede parecer cómoda porque el préstamo dura muchos años, pero alargar el plazo suele aumentar mucho los intereses totales.
  • Compara la TAE. No te fijes únicamente en el tipo de interés anunciado. La TAE permite comparar mejor el coste de los préstamos porque incorpora el interés y otros costes que deben incluirse legalmente en su cálculo.
  • Cuidado con las comisiones. Un préstamo con un interés muy bajo puede seguir siendo caro si tiene una comisión de apertura elevada u otros costes.
  • Entiende bien la carencia. Algunos préstamos permiten retrasar la devolución del capital mientras estudias. En otros casos puede existir una carencia más amplia. Eso no significa necesariamente que ese periodo sea gratis: lee las condiciones porque los intereses pueden seguir acumulándose.
  • Piensa mucho antes de pedir un aval. Si otra persona firma como avalista y tú no pagas, puede acabar respondiendo de la deuda con su patrimonio según las condiciones del contrato.
  • Pregunta en tu universidad. Algunas universidades tienen acuerdos con entidades financieras o programas específicos para estudiantes.
  • Valora devolver parte del préstamo antes de tiempo. La amortización anticipada puede reducir los intereses que pagarás en el futuro, aunque conviene comprobar si existe alguna comisión y cuánto te ahorrarías realmente.

Antes de firmar, pide siempre que te expliquen claramente:

  • Cuánto dinero recibes.
  • Cuánto vas a devolver en total.
  • Cuál es la TAE.
  • Cuánto pagarás cada mes.
  • Cuánto dura el préstamo.
  • Qué comisiones existen.
  • Qué ocurre si te retrasas en un pago.
  • Qué sucede si quieres devolverlo antes.

Cuidado con las formas de financiación más caras

Si necesitas dinero para estudiar, hay productos con los que conviene tener especial cuidado.

  • Minicréditos y préstamos rápidos. Pueden tener costes muy elevados y convertir una cantidad pequeña en una deuda difícil de controlar.
  • Tarjetas revolving. Sus cuotas pequeñas pueden hacer que tardes muchísimo en devolver la deuda y acabes pagando una gran cantidad de intereses.
  • Pagar estudios con una tarjeta de crédito sin entender las condiciones. Financiar una matrícula durante meses o años con una tarjeta puede salir bastante más caro que otras alternativas.
  • Préstamos de prestamistas poco claros. Comprueba siempre quién te está prestando el dinero, qué contrato firmas y qué normativa se aplica.

Los conceptos que debes entender antes de firmar

  • TIN (tipo de interés nominal): es el tipo de interés que se aplica al dinero que te presta el banco. Por sí solo no refleja todos los costes del préstamo.
  • TAE (tasa anual equivalente): es una medida pensada para comparar el coste de distintos préstamos e incorpora el tipo de interés y determinados gastos y comisiones.
  • Coste total del préstamo: es todo lo que terminarás pagando por encima de la cantidad que recibiste.
  • Comisión de apertura: es una cantidad que algunas entidades cobran al formalizar el préstamo.
  • Carencia: es un periodo inicial en el que se retrasa total o parcialmente la devolución. Puede afectar solo al capital o, dependiendo del contrato, también a otros pagos.
  • Plazo: es el tiempo que tienes para devolver el préstamo. Un plazo más largo suele reducir la cuota mensual, pero normalmente aumenta lo que pagas en intereses.
  • Tipo fijo: el interés se mantiene según lo pactado durante el préstamo, por lo que las cuotas suelen ser más previsibles.
  • Tipo variable: el interés puede cambiar según el índice de referencia indicado en el contrato. Eso significa que tus cuotas podrían subir o bajar.
  • Aval: es el compromiso de otra persona de responder por la deuda si tú no cumples con los pagos, según lo establecido en el contrato.
  • Amortización anticipada: consiste en devolver una parte o la totalidad del préstamo antes del plazo previsto. Puede reducir los intereses futuros, aunque debes comprobar si existe alguna comisión.

Si ya tienes un préstamo y empiezas a tener problemas

Si ves que no vas a poder pagar una cuota, no esperes a que la situación empeore.

Habla con la entidad cuanto antes. Dependiendo del préstamo y de tu situación, puede ser posible ampliar el plazo, modificar las cuotas, negociar un periodo de carencia o buscar otra solución.

Dejar de pagar una deuda puede acabar afectando a tu historial financiero y, si se cumplen los requisitos legales, tus datos pueden llegar a incluirse en un fichero de solvencia o morosidad. Eso puede dificultar que te concedan otros préstamos o productos financieros en el futuro.

Si tienes dudas sobre las condiciones de tu préstamo o crees que existe algún problema, puedes pedir ayuda a una asociación de consumidores o buscar asesoramiento profesional.

Estudiar puede ser una gran inversión, pero eso no significa que cualquier deuda para estudiar sea una buena idea.

Primero mira las becas y ayudas. Después calcula cuánto necesitas realmente y qué gastos puedes reducir. Valora también las opciones familiares y el pago fraccionado. Y si finalmente necesitas acudir a un banco, hazlo con los números claros y sabiendo exactamente qué estás firmando.

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