Por qué elegimos cosas que no nos hacen felices (y cómo evitarlo al decidir qué estudiar)

Paula YAQ

Creemos que sabemos lo que nos conviene, pero la psicología lleva años demostrando que no siempre es así. Entender estos fallos puede ayudarte a tomar una de las decisiones más importantes de tu vida: qué estudiar y dónde.

Damos por hecho que, si tenemos información suficiente, elegiremos lo mejor para nosotros. Sin embargo, los investigadores Christopher Hsee y Reid Hastie, de la Universidad de Chicago, revisaron en un conocido trabajo publicado en la revista Trends in Cognitive Sciences una gran cantidad de estudios sobre cómo decidimos, y llegaron a una conclusión sorprendente: con frecuencia escogemos opciones que no son las que más felicidad nos van a dar.

Según su análisis, hay dos grandes motivos. 

El primero es que predecimos mal cómo nos sentiremos con cada opción. 

El segundo es que, incluso cuando acertamos en la predicción, no siempre actuamos en consecuencia.

Si estás a punto de elegir carrera, ciclo de FP o universidad, esto te interesa más de lo que parece.

Primer error: imaginamos mal nuestro futuro

La psicología llama a esto "previsión afectiva": nuestra capacidad para anticipar cómo nos sentiremos en el futuro. Y resulta que se nos da bastante peor de lo que creemos. Estos son algunos de los sesgos más estudiados.

Exageramos el impacto de las cosas. Tendemos a pensar que un acontecimiento, bueno o malo, nos afectará más y durante más tiempo de lo que realmente lo hace. 

Si no entras en tu primera opción, probablemente lo vivas como un drama en septiembre, pero las investigaciones muestran que las personas se adaptan mucho más rápido de lo que esperan. 

Lo mismo ocurre al revés: entrar en la carrera soñada no te hará feliz para siempre si el día a día no encaja contigo.

Proyectamos el presente en el futuro. Cuando estamos cansados, agobiados o eufóricos, tomamos decisiones como si ese estado fuera a durar siempre. Es el mismo efecto que nos lleva a comprar el doble en el supermercado cuando vamos con hambre. 

Elegir carrera la semana después de un mal examen, o justo tras una charla muy motivadora, tiene el mismo riesgo.

Nos fijamos en diferencias que luego no importan. Cuando comparamos opciones una al lado de la otra, damos mucho peso a detalles que, una vez vivimos la experiencia, apenas notamos. 

Dos universidades pueden parecer muy distintas en una tabla comparativa por el ranking o las instalaciones, pero lo que de verdad marcará tu día a día serán las asignaturas, el ambiente de clase y si te gusta lo que estudias.

Ponemos el foco en un solo aspecto. En un estudio clásico, estudiantes del Medio Oeste de Estados Unidos creían que los de California serían más felices gracias al buen clima. Al preguntar a ambos grupos, la satisfacción con su vida era muy parecida. 

Al imaginar el futuro, sobrevaloramos aquello en lo que estamos pensando en ese momento. En la elección de estudios, ese "único aspecto" suele ser la nota de corte, el prestigio o la salida profesional, mientras dejamos fuera algo clave: si vas a disfrutar estudiando eso durante cuatro años.

Recordamos mal. Nuestras decisiones se basan en experiencias pasadas, pero la memoria no es un archivo fiel. Recordamos sobre todo los momentos más intensos y el final de las experiencias, no el conjunto. 

Que una asignatura del instituto acabara con un examen horrible no significa que todo el área no sea para ti.

Nos dejamos llevar por creencias previas. Ideas como "con esa carrera no hay trabajo", "la FP es para quien no vale para la universidad" o "si tienes buena nota tienes que hacer Medicina" condicionan muchas elecciones sin que nos paremos a comprobar si son ciertas.

Segundo error: sabemos lo que nos conviene, pero no lo elegimos

Hsee y Hastie señalan que no basta con predecir bien. Muchas veces sabemos qué opción nos haría más felices y aun así escogemos otra. 

Las razones más habituales son tres.

  • La primera es la recompensa inmediata: preferimos lo que nos satisface ahora frente a lo que nos beneficiará más adelante. 
  • La segunda es que nos guiamos por lo que se puede medir y comparar fácilmente, como el sueldo medio, la nota de corte o la posición en un ranking, aunque sepamos que no es lo que más pesa en nuestro bienestar. 
  • La tercera son las reglas que nos imponemos ("no hay que desaprovechar una buena nota") o la presión del entorno, desde la familia hasta lo que hacen los amigos o lo que vemos en redes sociales.

Cómo aplicar todo esto al elegir qué estudiar

La buena noticia es que conocer estos sesgos ayuda a reducirlos. Algunas ideas prácticas:

Imagina un martes cualquiera, no el día de la graduación. Piensa en cómo sería una semana normal en esa carrera: qué asignaturas tendrías, cuántas horas de prácticas o de laboratorio, qué tipo de trabajos harías. Revisa los planes de estudio en nuestra sección de carreras universitarias antes de decidir.

Pregunta a quien ya lo está viviendo. Los estudiantes de segundo o tercer curso son tu mejor fuente, porque tienen la experiencia real sin haberla idealizado. En el foro de YAQ puedes plantear tus dudas a gente que ya está estudiando lo que te interesa.

No confundas nota de corte con calidad. La nota de corte refleja la demanda de plazas, no lo buena que es una carrera ni si encaja contigo. Usa la calculadora de notas de Selectividad para conocer tus opciones reales, pero no dejes que una cifra decida por ti.

No decidas en caliente. Evita cerrar tu elección justo después de un examen, de una discusión o de una jornada de puertas abiertas muy emocionante. Deja pasar unos días y vuelve a pensarlo con calma.

Compara pocas opciones y con criterios propios. Tener demasiadas alternativas puede generar más dudas e insatisfacción. Quédate con tres o cuatro y valóralas según lo que de verdad te importa a ti, no según lo que suena mejor.

Recuerda que casi nada es irreversible. Es posible cambiar de carrera, convalidar asignaturas o entrar a la universidad desde un ciclo de FP. Saberlo quita presión y te permite decidir con más libertad. 

La felicidad también se elige con cabeza

La conclusión del trabajo de Hsee y Hastie no es que estemos condenados a equivocarnos, sino que nuestra intuición necesita ayuda. 

Tomarte tu tiempo, buscar información real, pensar en el largo plazo y preguntarte qué te hará sentir bien en el día a día, y no solo qué parece mejor sobre el papel, aumenta mucho las posibilidades de acertar.

Y si quieres saber qué profesiones se asocian con una mayor satisfacción, te puede interesar este artículo sobre los profesionales más felices.

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