Subastas increíbles: guarda tu cuaderno, ¡podrías hacerte de oro!

Amelia Martínez
Cuaderno de estudiante

¿Te imaginas que dentro de unas décadas alguien pagara una fortuna por tus apuntes? Le pasó a John Lennon, a Albert Einstein y a Leonardo da Vinci. 

Detrás de cada uno de esos cuadernos hay, además, un montón de profesiones que quizá no conocías: quienes los estudian, los restauran, los tasan o los protegen. ¿Te ves en alguna?

Cuadernos que valen una fortuna

El cuaderno de un niño de 12 años. En 2006, un cuaderno escolar que John Lennon llenó a los 12 años con dibujos, poemas y pensamientos se vendió en una subasta por unos 183.000 euros. Entre sus páginas había una morsa inspirada en un poema de Lewis Carroll, el autor de Alicia en el País de las Maravillas. Años después, Lennon reconoció que ese poema le inspiró la canción de los Beatles I Am the Walrus.

Los borradores de un genio. En 2021, un manuscrito de 54 páginas en el que Albert Einstein y su amigo Michele Besso trabajaron sobre la teoría de la relatividad general se subastó en París por 11,6 millones de euros, cuatro veces más de lo que se esperaba. Lo curioso es que está lleno de errores y tachones. Precisamente eso lo hace tan valioso: muestra cómo pensaba Einstein mientras se equivocaba y corregía, y Einstein guardaba muy pocos borradores.

El cuaderno más caro de la historia. El Códice Leicester, un cuaderno de notas de Leonardo da Vinci sobre el agua, los fósiles y la astronomía, lo compró Bill Gates en 1994 por más de 30 millones de dólares. Sigue siendo uno de los manuscritos más caros jamás vendidos.

Y un tesoro español que no está en venta. Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina, dibujaba a mano las neuronas que veía en el microscopio. Sus dibujos son tan precisos y tan bellos que se han expuesto en museos de todo el mundo, y hoy se siguen usando para enseñar cómo es el cerebro. Ciencia y arte en la misma hoja.

¿Quién decide lo que vale un cuaderno?

Para que un manuscrito llegue a una subasta o a un museo, pasa por las manos de muchos profesionales. Estos son algunos, y los estudios que llevan hasta ellos:

  • Expertos y tasadores de arte. Estudian la obra, confirman que es auténtica y calculan cuánto puede valer. Suelen venir de Historia del Arte.
  • Conservadores y restauradores. Se aseguran de que el papel, la tinta y los dibujos lleguen en buen estado a las próximas generaciones, y los reparan cuando hace falta. Es un trabajo que mezcla química, arte y paciencia infinita. Se estudia en Conservación y Restauración de Bienes Culturales.
  • Archiveros y documentalistas. Catalogan, protegen y digitalizan manuscritos, cartas y documentos para que cualquiera pueda consultarlos. El camino es Información y Documentación.
  • Historiadores. Descubren qué cuenta un documento sobre su época y sobre quien lo escribió. Estudian Historia.
  • Científicos. Los borradores de Einstein los estudian físicos que quieren entender cómo nació una teoría, desde el Grado en Física. Y los dibujos de Cajal siguen siendo materia de estudio en Medicina.
  • Abogados especializados. Resuelven quién es el propietario legítimo, quién tiene los derechos de autor y si una obra puede salir o no del país. Llegan desde Derecho.
  • Economistas del mercado del arte. Analizan por qué sube o baja el precio de las obras y asesoran a coleccionistas y casas de subastas. Pueden venir de Economía o ADE.
  • Artistas. Y, por supuesto, quienes crean. Si lo tuyo es llenar cuadernos de dibujos, quizá tu sitio esté en Bellas Artes.

Tu cuaderno ya vale mucho (aunque nadie lo subaste)

Lo más probable es que tus apuntes no acaben en una subasta. Pero eso no significa que no valgan nada:

  • Escribir a mano ayuda a aprender. Al tomar apuntes a mano no puedes copiarlo todo, así que tienes que resumir y reformular con tus palabras. Y eso ayuda a entender y recordar mejor.
  • Los errores también valen. Si el manuscrito de Einstein vale millones es precisamente porque está lleno de tachones. Equivocarse y corregir es parte de aprender, también para los genios.
  • Guarda lo que haces. Tus dibujos, proyectos, trabajos o programas pueden ser el principio de un portfolio que algún día te abra puertas. Guárdalos, en papel o en la nube.

Así que la próxima vez que llenes un cuaderno de garabatos durante una clase aburrida, piénsalo dos veces antes de tirarlo. Quién sabe.

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