Inteligencia emocional, ¿cómo desarrollarla?
Saber gestionar lo que sientes, entender a los demás y llevarte bien con tus compañeros de clase es tan importante como sacar buenas notas. La buena noticia es que todo eso se puede entrenar. Te contamos cómo.
Seguro que conoces a alguien que saca buenas notas pero se bloquea en los exámenes, o que se enfada con todo el grupo cuando un trabajo no sale como quería. Y también a alguien que, sin ser el más listo de la clase, cae bien a todo el mundo, sabe calmar los ánimos y siempre consigue que las cosas salgan. La diferencia entre ellos tiene nombre: inteligencia emocional.
El psicólogo Daniel Goleman hizo famoso este concepto en los años noventa. Se refiere a la capacidad de reconocer y manejar tus propias emociones y de entender las de los demás. Y no es solo algo para "llevarse bien": las empresas lo tienen muy en cuenta. En un estudio de las universidades españolas con casi 7.000 empresas, lo que más valoraban de sus trabajadores titulados era la responsabilidad, la honradez y saber trabajar en equipo. Lo que más echaban en falta, la iniciativa y la capacidad de resolver problemas.
Aquí tienes las habilidades más importantes y trucos sencillos para mejorarlas desde ya, en clase, con tus amigos o en casa.
1. Conócete a ti mismo
Todo empieza por aquí. Si no sabes qué sientes ni por qué, es difícil controlarlo. ¿Te agobias antes de los exámenes? ¿Te pones de mal humor cuando tienes hambre o has dormido poco? Saberlo ya es media batalla ganada.
- Ponle nombre a lo que sientes. No es lo mismo estar enfadado que frustrado, nervioso o decepcionado. Cuanto mejor lo identifiques, más fácil será manejarlo.
- Fíjate en qué te lo provoca. Durante unos días, apunta en el móvil los momentos en que te sientes mal y qué acababa de pasar. Verás que se repiten patrones.
- Conoce tus puntos fuertes y débiles. Pregunta a alguien de confianza en qué cree que eres bueno y qué podrías mejorar. A veces los demás ven cosas que tú no ves.
2. Controla tus reacciones
Sentir rabia, nervios o tristeza es normal. Lo importante es qué haces con esas emociones. Responder en caliente a un mensaje del grupo de clase o quedarte en blanco en un examen por los nervios son cosas que se pueden trabajar.
- Haz una pausa antes de responder. Si algo te ha sentado mal, espera antes de contestar, sobre todo por WhatsApp o redes. Lo que escribes enfadado suele acabar en arrepentimiento.
- Respira despacio. Coger aire lentamente y soltarlo aún más despacio durante un minuto ayuda a bajar los nervios antes de un examen o una exposición.
- Cambia el "no puedo" por el "todavía no puedo". Cómo te hablas a ti mismo influye en cómo te sientes y en lo que haces después.
3. Sé de fiar
¿Cumples lo que prometes? En clase, en tu grupo de amigos y en el trabajo, la gente necesita saber que puede contar contigo.
- Apunta tus compromisos. Devolver unos apuntes, entregar tu parte del trabajo o llamar a alguien. Si lo apuntas, es mucho más fácil no olvidarlo.
- No prometas lo que no puedes cumplir. Es mejor decir "esta semana no llego" que quedar mal a última hora.
- Si no vas a poder, avisa cuanto antes. Así los demás pueden organizarse.
- Cuando te equivoques, reconócelo. Pedir perdón no te hace más débil, al contrario: hace que los demás confíen más en ti.
4. Adáptate a los cambios
Cambiar de instituto, empezar la universidad, un profesor nuevo con otra forma de trabajar... La vida está llena de cambios, y quien se adapta lo pasa mucho mejor.
- Prueba cosas nuevas. Una actividad distinta, un sitio al que nunca has ido o quedar con gente que no conoces mucho. Cada experiencia nueva te hace más flexible.
- Escucha opiniones distintas a la tuya. No tienes que estar de acuerdo, pero intenta entender por qué alguien piensa diferente.
5. Piensa antes de decidir
Ser capaz de analizar un problema con calma te ayudará a elegir mejor, desde qué estudiar hasta cómo resolver un conflicto. Y ojo: no se trata de ignorar lo que sientes, sino de tenerlo en cuenta sin que decida por ti.
- Escucha a tus emociones, pero no dejes que manden solas. Si una opción te produce rechazo, pregúntate por qué. A veces es una señal útil y otras solo miedo a lo desconocido.
- Escribe los pros y los contras. Poner un problema por escrito te ayuda a ver cosas en las que no habías caído.
- Busca más de una causa. Casi nada pasa por un solo motivo. Acostúmbrate a preguntarte qué más ha podido influir.
6. Trabaja en equipo
Los trabajos en grupo son el mejor entrenamiento para lo que te encontrarás más adelante, porque en casi cualquier empleo tendrás que apoyarte en otras personas.
- Escucha a todos. Incluso a quien habla menos. A veces tiene la mejor idea.
- Repartid tareas y plazos desde el principio. Así se evitan los líos y el típico "yo pensaba que eso lo hacías tú".
- Cumple tu parte. Si fallas, afecta a todo el grupo.
- Acepta las críticas. Si un compañero te sugiere mejorar algo, no lo tomes como un ataque: probablemente el trabajo salga mejor.
- Mantén la calma en los desacuerdos. Discutid las ideas, no a las personas.
7. Toma la iniciativa
Tener iniciativa es no esperar a que te digan cada paso. Es una de las cualidades que más buscan las empresas, precisamente porque muchos jóvenes llegan sin ella.
- Proponte mejorar algo por tu cuenta. Aprender a editar vídeo, apuntarte a un voluntariado o organizar tus apuntes de una forma nueva. Lo importante es que salga de ti.
- Prioriza lo que te acerca a tus objetivos. Antes de ponerte con algo, pregúntate si te ayuda a avanzar o solo te entretiene.
- Atrévete a hacer las cosas de otra manera. Si crees que hay una forma mejor de hacer algo, pruébala. Aunque no salga bien, aprenderás.
8. Ponte metas y ve a por ellas
Las ganas de superarte te ayudarán a no rendirte cuando algo cueste. No se trata de ganar a los demás, sino de mejorar respecto a ti mismo.
- Divide las metas grandes en pasos pequeños. "Sacar buena nota en la PAU" se convierte en "repasar un tema de Historia cada semana".
- Celebra tus avances. Si has aprobado ese examen que te traía de cabeza, date un premio: una peli, una tarde con tus amigos.
- Si te agobias, elige tres prioridades. Una vez a la semana, escribe las tres cosas más importantes para ti en ese momento y céntrate en ellas.
Si lo que te cuesta es arrancar, aquí tienes las mejores fórmulas para automotivarte.
9. Ponte en el lugar de los demás
La empatía es la capacidad de darte cuenta de cómo se sienten otras personas y entender por qué. Es clave para tener buenos amigos, trabajar bien en grupo y evitar conflictos.
- Escucha de verdad. Sin mirar el móvil y sin pensar en lo que vas a responder mientras el otro habla.
- Piensa en cómo afectan tus decisiones a otros. Antes de hacer algo que implique a tu grupo o a tu familia, pregúntate cómo lo van a vivir ellos.
- Comparte cómo te sientes. Si tú te abres, es más fácil que los demás también lo hagan.
- Habla con gente distinta a ti. Personas con otros gustos, otras ideas u otras experiencias. Aprenderás más de lo que crees.
10. Comunícate bien
Saber explicar tus ideas y convencer a los demás te servirá en una exposición de clase, en una entrevista de trabajo y en tu día a día.
- Grábate practicando. Antes de una exposición, grábate en vídeo y mírate. Fíjate en tu voz, tus gestos y tu postura, no solo en lo que dices.
- Sé coherente. Si dices una cosa y haces otra, la gente deja de creerte.
- Haz preguntas. Te ayudan a entender mejor a los demás y demuestran que te interesa lo que dicen.
- Aprende de quien lo hace bien. Si conoces a alguien que se expresa genial, fíjate en cómo lo hace e intenta aplicarlo.
Ninguna de estas habilidades se aprende de un día para otro, pero todas mejoran con la práctica. Y lo mejor es que no necesitas esperar a tener tu primer trabajo: el instituto, tus amigos y tu familia son el mejor sitio para empezar a entrenarlas.
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