La importancia de establecer metas

Paula YAQ

El primer paso para conseguir lo que quieres es saber qué quieres. Te contamos cómo marcarte metas que de verdad funcionen y qué hacer cuando te fallan las fuerzas.

"Quiero sacar buena nota", "quiero estudiar algo que me guste", "quiero ponerme en forma". Todos tenemos deseos así, pero un deseo no es una meta. La diferencia está en que una meta tiene un plan detrás: sabes qué quieres exactamente, cómo vas a conseguirlo y cuándo.

Tener metas claras te ayuda a decidir en qué gastar tu tiempo, a no perderte cuando surgen distracciones y a sentir que avanzas. Y eso vale tanto para tus estudios como para tu vida personal o tu futuro profesional.

Cómo convertir un sueño en una meta

Imagina que te gustaría trabajar en el departamento de marketing de una marca de moda. Eso es un sueño. Para convertirlo en meta, tienes que pensar en el camino: qué carrera o ciclo te lleva hasta ahí, qué nota necesitas para entrar, qué puedes ir aprendiendo por tu cuenta mientras tanto... Y también ser sincero contigo mismo: ¿cuánto esfuerzo estás dispuesto a poner?

Estas son las claves para que tu meta funcione:

  • Que sea concreta. "Mejorar en Matemáticas" es demasiado vago. "Subir de un 5 a un 7 en la próxima evaluación" es una meta de verdad, porque sabrás si la has cumplido.
  • Que sea un reto, pero alcanzable. Si es demasiado fácil, no te motivará. Si es imposible, te frustrarás. Busca algo que te exija esfuerzo pero que puedas lograr.
  • Que tenga fecha. Sin plazo, siempre habrá un "ya lo haré mañana". Decide para cuándo quieres conseguirlo.
  • Que sea tuya. Si persigues una meta solo porque la quieren tus padres o porque la tienen tus amigos, será muy difícil que aguantes cuando cueste.
  • Escríbela. Ponerla por escrito y tenerla a la vista, en tu mesa o en el móvil, te ayudará a no olvidarla.

Tres preguntas que debes responder

¿Qué pasos vas a dar? Una meta grande asusta. Divídela en pasos pequeños que puedas hacer cada día, cada semana o cada mes. Por ejemplo, si tu meta es aprobar la PAU con buena nota, un paso podría ser hacer un examen de años anteriores cada fin de semana.

¿Por qué quieres conseguirlo? Ten siempre presente tu motivo. Cuando llegue un día malo, recordar para qué haces todo esto te ayudará a seguir.

¿Cuándo y cómo lo vas a hacer? Cuanto más concreto seas, mejor. No es lo mismo "estudiaré más" que "estudiaré inglés los lunes y miércoles de 6 a 7 en mi cuarto". Un truco muy eficaz es planificar con frases del tipo "si pasa esto, haré esto otro". Por ejemplo: "Si llego a casa cansado, me pondré solo 15 minutos con los deberes y luego decidiré si sigo".

Céntrate en lo que depende de ti

Hay metas de resultado, como "sacar un 9", y metas de proceso, como "estudiar una hora al día". Las dos son útiles, pero las de proceso tienen una ventaja: dependen solo de ti. 

La nota final puede verse afectada por muchas cosas, como un examen más difícil de lo normal o un mal día. En cambio, estudiar tu hora diaria sí está en tus manos. Si cumples tus metas de proceso, lo más probable es que el resultado llegue solo.

Revisa y ajusta

Una meta no es un contrato para toda la vida. Revísala cada cierto tiempo, por ejemplo una vez al mes. ¿Vas por buen camino? ¿El plan funciona o tienes que cambiar algo? ¿Sigues queriendo lo mismo? 

Cambiar de meta porque has descubierto que te interesa otra cosa no es fracasar: es conocerte mejor.

Cuando te fallan las fuerzas

Todos tenemos momentos en los que estamos cansados y sin ganas de seguir. Es normal. Estas técnicas te ayudarán a salir del bache:

  • Recuerda lo que ya has conseguido. Seguro que hay muchas cosas que te propusiste y lograste. Piensa en ellas cuando creas que no puedes.
  • Mira cuánto has avanzado, no cuánto te falta. Apunta tus pequeños logros. Ver en una lista todo lo que has hecho anima mucho más que pensar en lo que queda.
  • Prepárate para los obstáculos. Pensar solo en lo bien que saldrá todo no basta. Piensa también en qué te puede frenar y cómo lo vas a resolver. Así, cuando aparezca, no te pillará por sorpresa.
  • Cuéntaselo a alguien. Compartir tu meta con un amigo o alguien de tu familia te ayuda a comprometerte. Y si esa persona tiene una meta parecida, podéis animaros mutuamente.
  • Si no funciona, cambia el plan, no la meta. A veces el problema no es el objetivo, sino la forma de llegar a él. Prueba otro horario, otra técnica de estudio u otro lugar.
  • Cuídate. Dormir bien, moverte y quedar con tus amigos no son distracciones: te dan la energía que necesitas para seguir.

Si quieres más ideas para no perder las ganas por el camino, echa un vistazo a las mejores fórmulas para automotivarte. 

Y para aprender a manejar los nervios, la frustración y los bajones que aparecen cuando persigues algo importante, te ayudará leer cómo desarrollar tu inteligencia emocional.

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